Sanitización: reduce, pero no elimina

El proceso de la sanitización reduce el número de microorganismos pero no los elimina por completo. Simplemente, reduce la cantidad a un nivel seguro. Los sanitizantes son químicos que no matan a los virus ni a los hongos. Estos productos deben tener propiedades germicidas y antimicrobianas. Para llevar a cabo la sanitización se requieren seguir 5 pasos:

  • Eliminar residuos sólidos:  se requiere eliminar la suciedad excesiva de la superficie a limpiar.
  • Limpieza: se emplean detergentes para limpiar. De esta forma, se prepara la superficie para la sanitización.
  • Aclarado: con agua se eliminan todos los restos de los detergentes empleados en el paso anterior.
  • Sanitización: se selecciona el producto adecuado y se aplica. Así se reducirán las bacterias y microorganismos.

Pero, además de reducir el número de microorganismos ¿qué otros objetivos tiene este proceso? También se utiliza para remover material orgánico que se encuentra en el organismo y objetos o, para conseguir una  mayor efectividad en la descontaminación y esterilización.

Existen dos métodos de sanitización. El primero es el manual y el segundo, es el mecánico. En este segundo tipo se realiza la limpieza a través de aparatos obteniendo unos resultados mejores que en la manual y reduciendo las posibilidades de infección.

Cabe destacar que este procedimiento no es recomendable llevarlo a cabo en áreas y lugares que requieren de extrema limpieza. Es decir en consultas quirúrgicas, laboratorios, áreas de preparación de alimentos, etc. no se deben de aplicar estas sustancias ya que, no matarán a los virus y hongos existentes. Por tanto, no se deberá llevar a cabo este proceso en superficies y zonas en contacto con los alimentos como cocinas, comedores, estufas o despensas.

 

Desinfección: acabando con los microorganismos de raíz

La desinfección es el proceso de limpieza que consigue eliminar los microorganismos (bacterias, virus y protozoos) presentes en diferentes superficies. Los productos empleados poseen propiedades germicidas y antibacterianas. Es decir, este proceso físico o químico inactiva agentes patógenos. Cabe destacar que los productos de este tipo deben eliminar el nivel de bacterias patógenas en un 99,999% durante un lapso de tiempo de entre 5 a 10 minutos.

Los pasos a seguir en este proceso son 3:

  • Limpieza: aplicar el detergente elegido para limpiar.
  • Aclarado: se eliminan los restos de detergente.
  • Desinfección: se aplica la sustancia desinfectante que conseguirá acabar con los organismos patógenos. Estas sustancias suelen incluir elementos como el peróxido, el ácido paracético, etc.

La desinfección se aplica tanto en baños públicos como en privados. Por otro lado, es el proceso más recomendable a realizar para la limpieza de hospitales, laboratorios y demás zonas donde se lleve a cabo la conservación de alimentos.

Conviene distinguir entre dos tipos de desinfección:

  • Desinfección física: se emplean métodos físicos como el calor, el calor con presión, el calor húmedo o la luz ultravioleta.
  • Desinfección química: en este caso se emplean sustancias elaboradas a base de distintos compuestos químicos incluidos de forma específica para la destrucción de un determinado tipo de microorganismo. Es muy recomendable para lugares de alta sensibilidad o con gran tráfico de personas.

Entre las características de un buen desinfectante se encuentran el alto poder bactericida, el amplio espectro, la estabilidad, homogeneidad, solubilidad en el agua, etc.  Además, se consigue evitar alergias, infecciones y, en algunos casos, enfermedades más serias procedentes de una mala eliminación de microorganismos. En este sentido, cabe destacar que existen 3 procesos distintos de desinfección:

  • Metódica. Es la que se realiza de forma habitual.
  • Completa. Es aquella en la que se utiliza un desinfectante concreto.
  • Completa no uniforme. Se utiliza un producto adecuado para la eliminación completa de un microorganismo concreto.